Fin de semana de calçotada en Valls

Pasa la Navidad, superamos la cuesta de enero y llega el frío del invierno… esas son las tres señales que avisan de que ya toca hacer una calçotada. La tradición catalana de comer calçots con los amigos o la familia empieza en enero y se alarga hasta finales de marzo. Los calçots pueden comerse en cualquier restaurante… hasta en Barcelona los encontramos. Pero es en Valls, en l’Alt Camp, donde surge la tradición de la calçotada y donde se cultivan los únicos con la IGP Calçot de Valls.

Un sábado de febrero mi pareja, mi perrita Gin y yo nos fuimos en coche hacia Valls, en concreto hacia Casafort, una pedanía que depende del pueblo de Nulles, a 7 kilómetros de la capital de l’Alt Camp. La ruta en coche es de poco más de una hora y el peaje cuesta 7 euros con pocos céntimos.

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En Casafort está el restaurant QuintaForca que ocupa una casa del pequeño pueblo y donde nos recibió Xavi, el cocinero y propietario. El restaurante tiene unas 6 mesas, distribuidas en las diferentes estancias de la casa, con una cocina a la vista. Es un restaurante dentro del movimento Slow Food que cocina con productos de temporada, de proximidad y ecológicos… El QuintaForca no es un restaurante especializado en calçotadas. De hecho, es lo primero que te dice Xavi cuando entras por la puerta, pero yo ya había ido hace tres años y quedé encantada. No esperes pues el típico ambiente de masía de calçotada, con brasas en la entrada y con grupos comiendo calçots al aire libre.

calçotada-QuintaForca

Lo que hacen en el QuintaForca es prepararte una calçotada tal y como lo haría Xavi en su casa con su familia. El menú empieza con un vermut, una sopa de cebolla y continúa con los calçots y las habas con su salsa salvitxada (es como llaman allí al romesco), carne de cordero, butifarra blanca y negra, patatas al caliu (asadas a la brasa), mongetes (judías) de Santa Pau y alcachofa a la brasa. Ensalada de escarola, vino, cava y de postre naranja y tortell (roscón) de nata. Como veis, es un menú muy abundante. El precio, todo incluido, es de 50 euros por persona. Nosotros, eso sí, nos llevamos tres tuppers llenos de comida… así que tuvimos resuelta la cena del día después.

Cuando acabamos la comida, paseamos por los alrededores de Casafort. Nos dimos cuenta de que había muchos caminos señalizados para poder hacer pequeñas rutas de senderismo que conectan los pueblos más cercanos de la zona. Caminamos unos 25 minutos, el paisaje es realmente atractivo: viña, almendros y avellanos.

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Caía la tarde y fuimos al Hotel Spa Les Vinyes en Vilardida. Pasamos la noche del sábado en este hotel recomendados por Xavi. Nuestra prioridad era poder pasar la noche con nuestra perrita Gin y aquí está permitida la estancia con animales, siempre y cuando escojas la suite con terraza que vale 129 euros la noche. La habitación es fantástica, muy acogedora, decoración cuidada y rústica con vista a los viñedos. El único inconveniente es que pasa una carretera secundaria muy cerca del hotel y se oyen los coches. Por suerte, no está muy transitada.

Casafort

El hotel ofrece el servicio de cena. Nosotros, aunque no teníamos mucha hambre después de la calçotada, tomamos una cena ligera en el acogedor salón-comedor. Una ensalada y una sopa. Mala elección: la ensalada tenía tantos ingredientes que parecía un «batiburrillo» sin sentido y la sopa llegó fría a la mesa y con poquísimo pollo. Echamos de menos productos de la zona. No recomendaría cenar en el restaurante del hotel, aunque la verdad, no hay ninguna otra opción en el pueblo de Vilardida. El hotel ofrece un servicio spa y un circuito de aguas por 25 euros persona, masajes aparte. Nosotros no lo tomamos.

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Amaneció el domingo y el desayuno, a diferencia de la cena, estaba muy rico: pan ecológico, embutidos de calidad, zumo de naranja recién hecho, yogur con frutos rojos, café, infusiones y la opción de tomar tortillas o crepes hechos al momento. Hicimos el check out y fuimos a ver el Santuari de la Mare de Déu de Montserrat de Montferri. No sabíamos nada de este lugar pero nos llamó mucho la atención desde la carretera y la verdad merece mucho la pena visitarlo. Una pequeña y desconocida joya modernista.

A las 12 h nos esperaban el matrimonio Francesc Mateu y Lupe de Mas Esquilatxe en Valls. Ellos son los primeros payeses de l’Alt Camp que tienen la iniciativa de hacer visitas guiadas a sus campos de calçots y otros vegetales, bajo el nombre de Valls Global Turistic . Es una propuesta de lo más recomendable. Se puede reservar la visita llamando al 657 568 645, cuesta 10 euros por persona y teóricamente dura una hora, pero nosotros llegamos a las 12:30 y estuvimos hasta las 14 h.

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Francesc y Lupe son extraordinariamente amables y te explican cómo se cultiva el calçot, qué tiene de especial el calçot IGP de Valls, cuál es la historia de la calçotada… ¡Una gran iniciativa! Cuando acaba la visita te ofrecen vino, agua y unas tostadas de pan con romesco, calçots y longaniza a la brasa. Siendo la hora que era, esa acabó siendo nuestra comida. Si os apetece, también tenéis la opción de comprar los productos del huerto de Francesc. Él monta su parada 2 veces por semana en el mercado de Valls. Nosotros compramos calçots (ya en casa los hicimos en tortilla y eran exquisitos), brócoli, patatas, ajos, remolacha y acelgas.

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El fin de semana fue intenso y, como queríamos regresar pronto a casa, después de la visita a Mas Esquilatxe ya fuimos hacia Barcelona, pero para los que queráis alargar un poco más la estancia otras buenas opciones muy cercanas pueden ser: visitar la ciudad de Valls, hacer parte de la Ruta del Císter que incluye el prominente Monestir de Santes Creus o visitar alguna bodega de la zona con la DO Tarragona.

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¡Una zona de Cataluña por descubrir y una buena excusa para visitar sus tierras y comer calçots!

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