Un día por las ruinas romanas de Nîmes, Francia

El pasado mes de febrero nos escapamos un fin de semana a la ciudad francesa de Nîmes para descubrir el patrimonio arqueológico de la ciudad y disfrutar de su gastronomía. En este artículo podéis acompañarnos a descubrir las impresionantes ruinas romanas de Nîmes. ¿Os venís?

Me fascinan las ruinas de todo tipo. Unas de las más extendidas en la zona del Mediterráneo y Europa son las ruinas que nos dejaron la civilización romana y griega, que pudimos contemplar en el viaje a Sicilia, a Túnez y, lógicamente, en el viaje a Roma y en el viaje a Grecia.

Pero también hay ruinas romanas y griegas más cerca. Por ejemplo, en España tenemos las de Mérida, Tarragona o Ampurias, por poner solo tres ejemplos. Y al otro lado de los Pirineos también hay ruinas romanas muy bien conservadas, como en las ciudades francesas de Arles y Nîmes. En esta entrada, nos centraremos en las ruinas romanas de Nîmes, situada en la provincia de Languedoc-Rousillon, a medio camino entre Montpellier y Marsella.

Mapa Nimes antiguo

La ciudad de Nîmes tiene 26 siglos de historia. Todo empieza con una tribu celta, llamada los volcos aremicos, que se asentaron en torno a un manantial. Llamaron Nemazat al dios del manantial y le rindieron culto. Cuatro siglos más tarde, llegaron los romanos con sus intereses expansionistas y los volcos se aliaron rápidamente con ellos. Gracias a esta alianza, el poblado celta se convirtió poco a poco en Nemausa, una colonia romana desde la cual César Augusto inició la conquista de toda la Galia. La alianza con los romanos y su situación en la carretera romana que conectaba Roma con Hispania hicieron prosperar la ciudad hasta alcanzar unos 25 000 habitantes. De esta época de apogeo, pueden verse aún hoy tres grandes edificios: el circo, el templo imperial y la torre magna. Y también puede verse todavía el manantial de Nemazat que dio el nombre a la ciudad de Nîmes.

Jardines de la Fuente Nimes

Este manantial es el que dio origen a la ciudad de Nemausa.

Hoy en día, el manantial forma parte de los jardines de la fuente o, en francés, «les jardins de la fontaine». Fue aquí donde empezamos la visita guiada con Sophie. Este parque rodea el manantial y sube por la colina hasta la Torre Magna. Alrededor de la fuente subterránea, las balaustradas y el diseño del parque corresponde a la reforma del s. XVIII. Sin embargo, la islita rodeada de agua ya estaba allí durante la época romana. En su centro se alzaba el altar de los sacrificios en honor a Nemausus, que es como los galos romanizados llamaron al dios del manantial. Unas excavaciones arqueológicas revelaron que del manantial surgían unas galerías subterráneas de casi tres metros de altura. Y aunque se desconoce su uso exacto, hay quien piensa que se trataba de una forma de hacer subir o bajar el nivel del agua en torno a la isla del altar. ¿Tal vez para impresionar a los fieles de Nemausus durante las ceremonias religiosas?

Templo Diana Nimes exterior

Templo de Diana

A un lado del parque se elevan las ruinas de un edificio romano misterioso: el llamado templo de Diana. En las primeras investigaciones arqueológicas se concluyó que este edificio debía ser un templo de la diosa romana de la caza y la naturaleza. Como Diana contaba entre sus ayudantes a las ninfas de los parajes naturales como fuentes y cursos de agua, era posible que los romanos le erigieran un templo en su honor junto al manantial sagrado de los celtas. Sin embargo, otras teorías aventuran que pueda haberse tratado simplemente de una biblioteca asociada al conjunto del santuario. Las hornacinas que pueden verse en las paredes podrían haber albergado papiros importantes. Y el paso de la suave luz matutina por la ventana abierta justo encima de la puerta de entrada habría iluminado el interior sin dañar los frágiles papiros. Todavía no se sabe seguro.

Templo Diana Nimes

El agua del manantial sigue fluyendo hoy en día. Sale del parque por dos canales decorativos frente a la gran avenida Jean Jaurès y vira noventa grados a la izquierda, en dirección al casco antiguo de Nîmes. Según nos dijeron, el canal en la calle Quai de la Fontaine es especialmente bonito en otoño, cuando los árboles cargados de hojas amarillentas y ocres forman un dosel de colores sobre el agua. En el extremo opuesto, el agua se adentra en el subsuelo de Nîmes. En la Edad Media se usó para llenar el foso de las murallas de la ciudad. Y más tarde, durante el auge de la industria textil de la zona, los tintoreros la aprovecharon para sus intereses. En la actualidad, sigue su transcurso por el subsuelo y se une más tarde a otros ríos más allá.

Quai de la Fontaine Nimes

Siguiendo la avenida A. Daudet a mano derecha, se llega en unos minutos a una plaza donde se alza orgullosa una de las ruinas más conocidas de Nîmes: la maison carrée. Aunque, en realidad, es todo lo contrario a una ruina. Y es que este templo romano dedicado al culto del linaje imperial se mantiene en pie desde su construcción. Ni columnas tumbadas, ni piedras por el suelo. Está de una sola pieza, tal cual. Es una muestra impresionante de la arquitectura romana. Al verlo por primera vez, supusimos que habría sido totalmente reconstruido. Pero nos equivocamos. Lo único que se reconstruyó de este templo fue el techo del pórtico y un capitel. Así pues, la maison carrée es uno de los edificios religiosos romanos mejor conservados del mundo, con excepción del panteón de Roma.

Maison Carree Nimes

Para construirlo se derruyeron un buen número de casas galo-romanas. En su tiempo, estuvo rodeado de una columnata que delimitaba el recinto del santuario y formaba un patio donde se hacían las ceremonias públicas. Frente al templo estaba el foro de la antigua Nemausus y el edificio de la curia. Cerca de la entrada aún puede verse el nivel del suelo de la ciudad romana. Además, sobre la puerta pueden verse unas estructuras que sostenían la puerta de madera. Al parecer, esta cubría otra puerta más valiosa de bronce con incrustaciones de piedras semipreciosas.

Maison Carree Nimes

Tras el abandono de la Edad Media, el interior del templo se convirtió en un museo. En los años ochenta, se peatonalizó todo el casco antiguo de Nîmes y, más tarde, Norman Foster eliminó la valla que rodeaba el templo para integrarlo del todo en el espacio urbano. Hoy en día, en el interior del templo hay una pantalla de cine (!). Aquí se proyecta un vídeo de 30 minutos que explica a grandes rasgos la historia romana de Nîmes en una recreación histórica con actores. Está muy bien hecha y es apta para todos los públicos.

Maison Carree Noche

Bajando por la avenida Victor Hugo se llega rápidamente al otro gran vestigio romano de Nîmes. El circo romano también sigue en pie en pleno centro de la ciudad, dos mil quinientos años después de su construcción. Y está en tan buen estado, que sigue usándose para celebrar corridas de toros y todo tipo de espectáculos como conciertos, óperas, campeonatos de tenis y recreaciones históricas.

Anfiteatro Romano Nimes

Es impresionante con sus 60 arcos de entrada. Antes de entrar, fijaos en las cabezas de toro decorativas en la fachada cercana a la rue des Arènes. Desde el exterior no se aprecia, pero una vez en las gradas, con una capacidad original de 24000 asistentes, verás que tiene forma elíptica. Esta forma permite una mejor comunicación entre las gradas y fomenta que se pueda oír todo de un punto a otro, lo que refleja mejor las emociones que el público vierte en la arena.

Anfiteatro Romano Nimes

Los juegos de gladiadores eran gratuitos, pero los asistentes solo podían acceder a determinadas partes de las gradas en función de su posición social. En este anfiteatro no existe un subterráneo con el que subir las fieras a la arena, ya que cuando excavaron para hacerlas, se inundaron de agua. Eso plantea la duda de si aquí se hacían combates con animales salvajes como era habitual iniciar los juegos en otros anfiteatros del imperio romano. Algo que es bastante seguro es que no se usaron leones. En primer lugar, se sabe que transportar estos animales desde África era carísimo ya en la época romana y, por otra parte, tras recientes estudios prácticos, se ha visto que el muro que rodea la arena es demasiado bajo para impedir el salto de un gran felino de la arena a las gradas.

En la Edad Media, en el interior del anfiteatro y en las galerías se construyeron casas, y en lo alto del circo se erigieron torres de vigía. Todo lo medieval se derruyó en el 1809 y en 1813 ya empezó a usarse para corridas de toros. Solo se restauraron las escaleras de acceso a las gradas, que habían sido destruidas en la Edad Media para construir las casas.

Por cierto, que aprendimos que las corridas de toros francesas son distintas a las españolas. En este caso, el objetivo de los «toreros» solo consiste en quitar a los toros unas cuerdas que llevan atadas entre los cuernos. De este modo, aquí los toros pueden «ganar» si al término de la corrida mantienen un cierto número de cuerdas intactas.

Anfiteatro Romano Noche

Pero si no os gustan los espectáculos con animales, no hay problema porque la agenda del anfiteatro tiene opciones para todos los gustos. En mi caso, me encantaría asistir el 29 y 30 de abril o el 1 de mayo de 2017. En esos días se representará una recreación de la rebelión de Boudicca, una reina celta que tomó las armas en contra de los romanos.

Arco romano Nimes

La visita guiada que hicimos con Sophie fue muy interesante y es totalmente recomendable. Tal y como nos había recomendado, al día siguiente por la mañana subimos a la colina ajardinada tras el manantial de Nîmes. En la cima se alza la Torre Magna o «Tour Magne», una torre de vigía de origen celta. Durante la época de la colonia romana, los galo-romanos la ampliaron y la hicieron más alta. Aguantó el paso del tiempo durante muchos siglos, pero en la Edad Media estuvo a punto de desmoronarse. Esto ocurrió en el siglo XII, cuando una profecía de Nostradamus parecía indicar que la torre ocultaba tesoros de oro y plata. Un hombre humilde obtuvo el permiso del rey para excavar la torre y buscar el supuesto tesoro. Dedicó media vida a excavar la torre, pero se arruinó sin encontrar nada. Además, estuvo a punto de hacer caer la torre entera. Siglos más tarde, se arregló el interior de la torre para estabilizarla y hacerla visitable. Por eso, hoy en día sorprende entrar en la torre y verla hueca por dentro. Solo hay una escalera de caracol en el centro que permite subir hasta arriba y así poder ver la ciudad desde lo alto.

Torre Magna Nimes

Gracias a estos vestigios de arquitectura romana, visitar Nîmes es un disfrute si te interesa la historia antigua. Además, es muy agradable pasear por las calles y disfrutar de la excelente gastronomía de la zona. Si tienes tiempo, también puedes visitar la cercana ciudad de Arles, donde hay otro anfiteatro romano. Y si quieres más, Aviñón, Montpellier y Marsella también están muy cerca.

Para más información recomendamos la página web de turismo de Nîmes. Allí os informarán sobre las visitas guiadas en inglés y español que se hacen cada semana, y las actividades que podéis hacer en la ciudad.

Nota: La oficina de turismo de Nîmes junto con Atout France nos facilitó una visita guiada privada para conocer más a fondo la historia de la ciudad. Todas las opiniones vertidas en este artículo son 100% nuestras.

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