Diario de a bordo

Hong Kong: Una escala de un día camino de Nueva Zelanda

Vista panorámica de los rascacielos de Hong Kong y Victoria Harbour desde Victoria Peak, con montañas al fondo y grandes nubes sobre la ciudad.

Pasaportes, check. Carné de conducir internacional, check. Carné de conducir español, check. Seguro de viaje, check. Vacunas al día, check. Taxi para llevarnos al aeropuerto y, sobre todo, que venga a buscarnos a nuestra casa y no a veinte kilómetros de casa, check.

A veces tengo la sensación de que un día, con tanto viajar, se nos olvidará algo importante y ese viaje ni siquiera empezará.

Pero por suerte ese día no va a ser hoy.

Sábado 3 de octubre, doce y media del mediodía, Terminal 2 de Barcelona. Xavi y yo estamos a punto de embarcar hacia Hong Kong.

Los últimos días ha llovido muchísimo en Barcelona y había incluso un aviso por tormenta fuerte. Y, efectivamente, justo cuando hemos empezado a embarcar se ha puesto a diluviar. Al final el vuelo ha salido con aproximadamente media hora de retraso.

Hong Kong, en realidad, no es nuestro destino final. Volamos con Cathay Pacific camino de Auckland, Nueva Zelanda, pero tenemos una escala lo bastante larga como para convertirla en un día más del viaje.

Hemos aterrizado en Hong Kong el domingo 4, alrededor de las siete y media de la mañana. Nuestro siguiente vuelo sale a las nueve de la noche, así que tenemos prácticamente todo el día para salir del aeropuerto y conocer un poco la ciudad.

Nada más llegar hemos pasado inmigración, que ha sido muy rápida, y hemos dejado las maletas de mano en la consigna (luggage storage) del aeropuerto para poder movernos durante el día sin cargar con ellas.

Después hemos cogido el Airport Express hasta Central. El trayecto dura unos 24 minutos y el billete de ida y vuelta para el mismo día nos ha costado 160 dólares de Hong Kong.

Y aquí empieza oficialmente nuestra escala.

Calle del distrito de Central, en Hong Kong, rodeada de rascacielos, con una señal roja de STOP en inglés y chino en primer plano.
Paseando por Central, entre rascacielos y señales de tráfico en inglés y chino, una de las muchas huellas de la historia de Hong Kong.

Estamos, además, en Hong Kong durante los días de celebración del Día Nacional de China, así que por toda la ciudad hay banderas y decoración conmemorativa. Hong Kong fue administrado por Gran Bretaña durante más de 150 años y en 1997 pasó a soberanía china, convirtiéndose en una Región Administrativa Especial bajo el principio de «un país, dos sistemas».

Si tuviera que definir Hong Kong en dos ideas después de estas primeras horas, la primera sería el contraste entre la temperatura de dentro y la de fuera. Dentro, el aire acondicionado está fortísimo; fuera, el calor y la humedad te golpean de inmediato.

La segunda es que Hong Kong es una ciudad completamente vertical.

Antiguo edificio comercial de Hong Kong con fachada envejecida, balcones de hierro forjado y una tienda con letreros chinos en la planta baja, junto a una calle en pendiente.
Uno de esos rincones de Hong Kong donde los edificios antiguos sobreviven entre rascacielos y calles empinadas.

Edificios altísimos por todas partes, calles a diferentes alturas, pasarelas, escaleras mecánicas, centros comerciales que conectan unos sitios con otros… A veces no sabes muy bien si estás caminando por una calle, atravesando un edificio o pasando de una planta de la ciudad a otra.

Desde Central hemos ido caminando hacia Soho para empezar el día con algo fundamental: desayunar.

Nuestra primera parada ha sido Bakehouse, donde hemos comprado sus famosas egg tarts. Como allí no había sitio para sentarse, hemos seguido hasta Creco Coffee Company, y ahí sí hemos podido tomarnos un café con calma.

De allí hemos ido andando hasta el Peak Tram.

Hemos cogido el funicular para subir a Victoria Peak y, una vez arriba, hemos dado una vuelta por la pasarela hasta llegar al mirador de los leones.

El Peak tiene mucha más historia de la que aparenta cuando subes rodeado de turistas. Con 552 metros, es el punto más alto de la isla de Hong Kong y ya en el siglo XIX las familias más acomodadas empezaron a instalar allí sus residencias para escapar del calor de la ciudad. Al principio se subía en silla de manos. Eso cambió en 1888, cuando empezó a funcionar el Peak Tram, el primer funicular por cable de Asia. Lleva haciendo este recorrido desde hace más de 130 años, aunque por suerte el nuestro ya no funciona con las calderas de vapor alimentadas con carbón de los primeros años.

Desde aquí arriba se entiende todavía mejor esa sensación de ciudad vertical que nos acompaña desde que llegamos: una concentración enorme de edificios, Victoria Harbour en medio y Kowloon al otro lado.

Vista panorámica de los rascacielos de Hong Kong y Victoria Harbour desde Victoria Peak, con montañas al fondo y grandes nubes sobre la ciudad.

Después de dar una vuelta hemos bajado y nos hemos ido a Upper Lascar Row, también conocida como Cat Street, la calle de anticuarios de la zona de Sheung Wan.

Es una calle llena de pequeños puestos y tiendas donde puedes encontrar antigüedades, recuerdos, figuras, carteles y toda clase de cachivaches. Un sitio muy entretenido para ir mirando cosas sin tener demasiado claro qué es realmente antiguo y qué simplemente intenta parecerlo.

Tampoco es un invento reciente para turistas: Upper Lascar Row lleva más de un siglo funcionando como mercado de antigüedades. Hoy conviven las tiendas tradicionales con negocios de objetos vintage y cafeterías, pero sigue siendo uno de esos rincones en los que todavía se puede intuir el Hong Kong antiguo entre tanto rascacielos.

Además, hoy es domingo y durante esta parte del recorrido nos ha sorprendido encontrarnos a muchísimas mujeres sentadas en el suelo sobre cartones, ocupando pasarelas, soportales y espacios alrededor de las estaciones.

Después hemos descubierto que son, en su mayoría, trabajadoras domésticas migrantes procedentes de Filipinas e Indonesia. Muchas viven en casa de las familias para las que trabajan y el domingo es su día libre, así que quedan con amigas y compatriotas.

Pasarela peatonal cubierta de Hong Kong, con numerosas personas sentadas en el suelo y otras caminando bajo banderas chinas y hongkonesas.
Una de las pasarelas peatonales de Hong Kong, donde grupos de personas aprovechan el espacio cubierto para reunirse.

Como en Hong Kong el espacio público es escaso, usan cartones para sentarse, comer, charlar y pasar juntas el día. Una de esas escenas que al principio no entiendes y que cambia completamente cuando sabes qué está pasando.

Desde la zona de los anticuarios hemos seguido andando hasta el puerto para coger el Star Ferry y cruzar Victoria Harbour.

Antes de cruzar conviene aclarar el mapa, porque los nombres pueden resultar algo confusos.

Hasta ahora hemos pasado toda la mañana en la isla de Hong Kong, que es donde se encuentran Central, Soho, Victoria Peak y Sheung Wan. Fue el principal centro administrativo y comercial de la época colonial británica y hoy concentra buena parte del skyline que asociamos enseguida con Hong Kong.

Justo enfrente, al otro lado de Victoria Harbour, está Kowloon, que no es otra isla, sino una península unida al territorio continental. Aunque hoy todo forma parte de Hong Kong, cruzar de un lado al otro cambia mucho el paisaje: dejamos atrás Central y sus grandes torres para entrar en barrios mucho más densos y comerciales como Tsim Sha Tsui, Mong Kok, Prince Edward o Sham Shui Po.

Históricamente también pasaron a manos británicas en momentos distintos. La isla de Hong Kong fue cedida a Gran Bretaña en 1842, tras la Primera Guerra del Opio, mientras que la parte de Kowloon situada al sur de Boundary Street fue cedida en 1860, tras la Segunda. Más adelante, en 1898, Gran Bretaña obtuvo en arrendamiento durante 99 años los llamados Nuevos Territorios, que incluían una extensión mucho mayor al norte de Kowloon y numerosas islas. Finalmente, en 1997, el conjunto de Hong Kong pasó a soberanía china como Región Administrativa Especial.

Nosotros vamos a hacer ahora ese cambio de escenario de una de las mejores maneras posibles: cruzando Victoria Harbour en el Star Ferry.

Ferry verde y blanco de la compañía Star Ferry junto al muelle de Hong Kong, con los rascacielos de Kowloon al fondo y un cielo cubierto de nubes grises.
El Meridian Star, uno de los tradicionales ferris verdes y blancos que cruzan Victoria Harbour y que se han convertido en todo un símbolo de Hong Kong.

Es un trayecto corto, pero durante unos minutos te separas de todo ese amasijo de edificios y ves el skyline de Hong Kong desde el agua.

Y también aquí usamos un transporte con mucha historia. Los primeros servicios de ferry a través de Victoria Harbour comenzaron en 1880 con un barco de vapor llamado Morning Star. La compañía adoptó oficialmente el nombre de Star Ferry en 1898 y más de un siglo después sigue conectando la isla de Hong Kong con Kowloon.

Lo que para nosotros es una manera muy bonita de cruzar el puerto forma parte de la vida cotidiana de Hong Kong desde hace casi siglo y medio.

Ya en Kowloon, toca comer.

Teníamos contratada a través de WithLocals una visita guiada privada de tres horas por Hong Kong con Pinky, pero al llegar nos ha escrito para decirnos que ha tenido una urgencia familiar y que no podía estar con nosotros. Nos ha devuelto el dinero y, para que pudiéramos seguir por nuestra cuenta, nos ha pasado una serie de recomendaciones de qué visitar y dónde comer en la ciudad.

Seis sheng jian bao, panecillos chinos rellenos y dorados a la plancha, servidos en una bandeja de cartón con semillas de sésamo y dos botellas de vinagre al fondo. Copiar ALT
Los seis sheng jian bao que probamos en Cheung Hing Kee: cuatro de cerdo y dos de cangrejo. Crujientes por debajo, jugosos por dentro y con caldo caliente en su interior. ¡Buenísimos!

Una de ellas ha sido Cheung Hing Kee Shanghai Pan-fried Buns 祥興記上海生煎包.

El sitio tiene recomendaciones Michelin de varios años, aunque cuando llegas allí no tiene precisamente pinta de restaurante de lujo. De hecho, es humilde, por no decir cutre.

No hay sitio para sentarse. Compras los buns y fuera hay una pequeña barra donde puedes apoyar la bandeja para comértelos allí mismo.

Y la barra viene bien porque salen hirviendo.

Hemos pedido cuatro buns de cerdo y dos de huevas de cangrejo, que nos han costado 98 dólares de Hong Kong en total: 44 los cuatro de cerdo y 54 los dos de huevas de cangrejo.

Son buns fritos por debajo y rellenos de caldo; los de cerdo llevan dentro una bola compacta de carne picada. El truco para comértelos está en morder primero un poco la masa, hacer un agujero, sorber el caldo que tienen dentro y después ya comerte el resto.

Porque como intentes meterte aquello entero en la boca recién hecho, probablemente te acuerdes de Hong Kong durante unos cuantos días.

Están buenísimos.

Fachada del Golden Computer Arcade, en Sham Shui Po, Hong Kong, con grandes letreros en chino e inglés, edificios residenciales y numerosos peatones cruzando la calle.
El Golden Computer Arcade, en Sham Shui Po, uno de esos lugares donde perderse entre tiendas de informática, videojuegos y electrónica.

Después de comer hemos cogido el metro hasta Sham Shui Po para ir al Golden Computer Centre and Arcade.

Sham Shui Po es uno de los barrios más populares y tradicionales de Kowloon, y el Golden Computer Centre también ha cambiado con los años: en los setenta era un centro dedicado a la venta mayorista de moda y con el tiempo acabó convertido en uno de los grandes puntos de encuentro de Hong Kong para aficionados a la informática y los videojuegos.

Aquí hemos estado un rato curioseando entre tiendas de informática, videojuegos, consolas, ordenadores y todo tipo de electrónica. Es un laberinto de locales diminutos apretados unos contra otros y hay también mucho material vintage, así que es uno de esos sitios donde puedes perder horas simplemente mirando cosas.

Desde Sham Shui Po hemos seguido caminando hacia Prince Edward.

A estas alturas ya llevábamos muchas horas encima, habíamos caminado un montón y estábamos cansados. Y, para colmo, había empezado a llover.

Así que, cerca de Prince Edward Station, hemos encontrado una cafetería de comida tradicional de Hong Kong y hemos aprovechado para sentarnos un rato.

Hemos pedido un pineapple bun con mantequilla, por 16 dólares de Hong Kong, y un milk tea, por 20. Dos clásicos de Hong Kong y 36 dólares en total.

El pineapple bun es un bollo dulce con una cobertura crujiente por encima y el nuestro venía abierto por la mitad con una buena pieza de mantequilla dentro. Caliente y con la mantequilla empezando a derretirse.

El milk tea es el tradicional té con leche de Hong Kong.

Una parada muy oportuna teniendo en cuenta el cansancio y la lluvia.

Todo iba estupendamente hasta que ha llegado el momento de pagar.

Entonces me he dado cuenta de un pequeño detalle.

Solo aceptaban efectivo.

Y yo no tenía.

Así que Xavi se ha tenido que quedar allí empeñado en la cafetería mientras yo salía a buscar una casa de cambio.

Por suerte había un par muy cerca. He podido cambiar dinero, volver a la cafetería, pagar nuestros 36 dólares y recuperar a Xavi.

Crisis solucionada.

Pineapple bun de Hong Kong con una gruesa porción de mantequilla en su interior, acompañado de una taza de milk tea servida en una taza de Black & White.
Una de las meriendas más típicas de Hong Kong: pineapple bun con una buena porción de mantequilla y un milk tea.

Con fuerzas renovadas, o al menos algo menos muertos, hemos seguido caminando hasta Goldfish Street.

Aquí hay una sucesión de tiendas dedicadas a peces y acuarios, pero lo que más llama la atención son las paredes llenas de pequeñas bolsas transparentes con peces dentro, colgadas una al lado de otra y preparadas para vender. Una imagen muy peculiar.

Desde allí hemos seguido hacia Mong Kok, donde hemos recorrido el Ladies’ Market, con puestos de ropa, bolsos, maletas, souvenirs y prácticamente cualquier cosa susceptible de ser vendida debajo de una lona.

El mercado ocupa aproximadamente un kilómetro de Tung Choi Street y tiene más de cien puestos. Aunque el nombre pueda llevar a engaño, hace tiempo que no vende únicamente productos para mujeres: hay ropa, accesorios, recuerdos, camisetas de fútbol y toda clase de cosas. Y aquí el regateo sigue formando parte del juego.

También hemos pasado por Sneaker Street, donde, como su propio nombre deja claro, se suceden las tiendas de zapatillas y ropa deportiva.

Puesto del Goldfish Market de Hong Kong con decenas de bolsas transparentes llenas de agua y peces de colores, colgadas en filas frente a una tienda.
El curioso Goldfish Market de Mong Kok, donde los peces de colores se exhiben en cientos de bolsas transparentes colgadas frente a las tiendas.

Para entonces ya tocaba pensar seriamente en nuestro avión.

Porque llevábamos todo el día recorriendo Hong Kong, pero había un detalle que no convenía olvidar: Hong Kong solamente era una escala.

Desde Mong Kok hemos cogido el metro hasta Central y desde allí, alrededor de las cuatro de la tarde, hemos cogido de nuevo el Airport Express hacia el aeropuerto.

Una vez allí hemos ido a recuperar las maletas que habíamos dejado por la mañana en la consigna.

Total de la broma: 378 dólares de Hong Kong.

No es precisamente barato, pero nos ha permitido pasar todo el día recorriendo la ciudad sin cargar con ellas, que teniendo en cuenta el calor, la humedad y todo lo que hemos caminado no ha sido mala inversión.

Y así ha terminado nuestra escala en Hong Kong.

Ahora estamos otra vez en el aeropuerto, con las maletas recuperadas y listos para volver a subirnos a un avión.

Esta vez sí.

Nueva Zelanda nos espera.

Nota sobre el uso de la IA

Para elaborar esta entrada he utilizado inteligencia artificial como herramienta de apoyo para ordenar y dar forma a mis notas de voz, así como para mejorar la accesibilidad de las fotografías. El contenido se basa en mis propias historias, recuerdos y experiencias, y ha sido revisado y editado por mí antes de su publicación.

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