Me desperté y estaba muy oscuro, como no entraba el sol me pensaba que eran las tres de la mañana, pero como no tenía más sueño y oía ruidos en el comedor me levante, eran más de las nueve. Lo que pasa es que era el primer día en Japón que dormía en una habitación con persiana y ya me había acostumbrado a despertarme por el sol.
Esta butaca espacial era de lo más cómoda para que te laven la cabeza.
Atención a la toalla que me pusieron en la cara para relajarme durante el lavado.
Lo que más me gusta de las peluquerías japonesas, es que lo peinados de las revistas son todos súper monos y ponibles. Aquí, los peinados que hay son a cual más estrambótico y siempre que voy a la peluquería lo hago temiendo y más de una vez he salido muy disgustada.
Después de decidir el tipo de corte, vino Hiro, mi peluquero. Muy agradable y me corto el pelo en el tiempo justo para no perder el tren a Tokyo. Me encantó el corte de pelo y el peinado, creo que nunca he salido tan contenta de una peluquería y total todo el servicio, masaje en los hombros incluido me costó 35 euros.
Kenichi nos vino a buscar a la peluquería, porque se nos hizo tarde y nos acompaño a la estación. Allí con mucha pena me despedí de Mo, ya que el día había pasado volando y tenía que ir a Tokyo. Me dio la sensación, como siempre que estoy con ella, que me deje infinidad de cosas para decirle.
Cogí el tren bala hasta la estación de Tokyo, y allí me estaba esperando él. Pensaba que no nos entraríamos porque es una estación muy grande, pero por suerte sí. Fuimos a hacer el check-in a la Kurumi Mansion y nuestras maletas ya habían llegado vía Kuro neko Yamato. Dedicamos la tarde a planchar el traje y el vestido para la boda y mirar los mails en una manga-kissa (café internet) que había cerca de la estación de metro de Nonzennakacho.


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