Segundo viaje a New York: volamos a New York… ¡Y llegamos!

Sábado, 26 de diciembre. Diez de la mañana. Se enciende el despertador y empieza a sonar el boletín informativo de Catalunya Ràdio. Estoy totalmente adormecida, pero algo capta mi atención:

«…los Estados Unidos han pedido que se refuercen las medidas de seguridad en los vuelos con destino a su país después del atentado frustrado de esta madrugada en un avión de la compañía Delta Airlines que aterrizaba en la ciudad de Detroit. Un joven ha intentado hacer explotar la pólvora que llevaba adherida a su cuerpo con un líquido reactivo, pero la deflagración sólo le ha provocado algunas quemaduras.

La tripulación y algunos pasajeros del vuelo han conseguido controlar la situación y el avión ha podido aterrizar minutos después en Detroit, donde el hombre ha sido detenido…»

¡Lo que me faltaba! Exactamente en quince días me voy a Nueva York y ahora pasa esto. Debería estar preocupada o quizás un poco aterrorizada, ya que vuelo con Delta, pero lo único que hago es maldecir a ese tipo y a toda su familia. Si ya las medidas de seguridad en los aeropuertos cuando vuelas a Estados Unidos son paranoicas, a partir de ahora seguro que rozaran la demencia. Tendré que ir tres horas antes al aeropuerto y, además del incidente aéreo, le sumo que estreno la nueva T1 del aeropuerto de Barcelona y estaré un poco perdida. Aunque si lo piensas fríamente, es mejor que nos desnuden en el aeropuerto a que nos destripen en pleno vuelo.

Sábado, 9 de enero. Seis de la mañana. Se enciende el despertador. Tengo mucho sueño. Llevo casi dos noches sin pegar ojo y el día se presenta muy largo. Mi compañero también se levanta conmigo, y aunque esta vez no me acompaña en mi viaje, sí lo hace hasta el aeropuerto para desearme que me lo pase muy bien y haga muchas fotos. Todavía no doy crédito de que haya sido agraciada con la fortuna de compartir la vida con él. También me acompaña mi padre, ese pedazo de ser bendito, que me lleva y me trae del aeropuerto sin importar las horas intempestivas a las que suelo salir.

Taxi NY

Nada más llegar a Nueva York nos encontramos con este mensaje apocalíptico.

Vamos por la autopista y nos acercamos al desvío de la nueva terminal, a la izquierda «llegadas» y a la derecha «salidas». Después de dar una vuelta al ruedo, me doy cuenta de que hacia la izquierda era donde estaba el aparcamiento. Dejamos el coche en la segunda planta, que es la que da acceso directo a la terminal y al entrar me quedo alucinada. ¡Por fin Barcelona tiene un aeropuerto como Dios manda! Es enorme, amplio, luminoso y me pierdo. No se si tengo que subir o bajar. Por suerte Gemma me envía un SMS: «Estamos delante del mostrador 757», y literalmente flipo con que haya tantos mostradores. Hemos quedado dos horas y media antes de la salida del vuelo previendo que subir al avión no va a ser tarea fácil. Finalmente llegamos y procedemos a facturar las maletas. La azafata de Delta Airlines nos pide los pasaportes y el número de reserva del vuelo. Hasta aquí nada extraño. De repente nos dice:

Taxi NY

—Estoy autorizada por el departamento de no me acuerdo que dijo para haceros unas preguntas. ¿Habeís hecho vosotras la maleta? ¿Habéis dejado desatendida la maleta en algún momento? ¿Os ha pedido alguien que llevéis algo? ¿En qué dirección os quedáis? ¿Es un hotel o un particular? Y ahora esto es MUY IMPORTANTE: ¡no dejéis desatendido el equipaje de mano en ningún momento! Ò_Ó

—¡A sus órdenes mi capitán!

Long Island City

Nos despedimos de nuestros amigos y seres queridos y con la tarjeta de embarque en la mano nos disponemos ha pasar el primer y temido control de seguridad. Control que acaba siendo «made in Spain». A mí no me hacen quitarme los zapatos, aunque a Gemma sí, porque lleva botas. Y cuando estoy recogiendo mi maleta de mano, me dice:

—Tanta paranoia y cuando mi bolsa ha pasado por el escáner, el policía estaba mirando para otro lado.

¡Ah, my friend! Es que ése era el control de mentirijilla, el bueno empezó exactamente una hora antes de embarcar. Normalmente se embarca 30 minutos antes de salir, pero a partir de ahora todos los vuelos con destinación a EE.UU. embarcan una hora antes porque antes de subir al avión te hacen un control exhaustivo. Primero nos hicieron poner en dos filas, hombres y mujeres, y de uno en uno, nos hacían bajar las escaleras mecánicas hasta la puerta del avión. Primero había que quitarse el calzado y pasar por un arco detector de metales. Después una mujer, en mi caso, me cacheó, por delante y por detrás. Luego pasabas a la revisión de tus pertenencias, en mi caso bolso y bolsa de mano. Miraban todos los compartimentos y sobre todo los aparatos electrónicos. Éstos últimos nos los hacían encender para demostrar que eran de verdad. En fin, aprovechando que ya estaba descalza y que había sacado todo lo de la bolsa de mano, aproveché para ponerme las zapatillas de estar por casa y coger mi mantita térmica para el viaje, ante la sonrisa de la segurata. Finalmente el avión salió con 30 minutos de retraso, y eso que el avión iba medio vacío.

Long Island NY

El servicio a bordo de Delta es uno de los peores que he tenido nunca en un vuelo transatlántico. Teníamos una tele para todos y obviamente las pelis no se podían escoger. Encima, para colmo, el sistema de audio no funcionaba y nos pasamos más de siete horas inventándonos los diálogos de cuatro películas. Dos de ellas eran de encefalograma plano, pero “The Time Traveler’s Wife” y “The Informant” sinceramente tengo que verla con sonido.

Un compañero de oficina, que viajó justamente el día después del intento de atentado, me explicó que cuando faltaba una hora para llegar a EE.UU. se declaró como una especie de estado de emergencia en su vuelo en el que no dejaron levantarse a nadie ni tener nada en el asiento y con los monitores del GSP apagados. En nuestro caso, eso no sucedió y a la hora prevista aterrizamos por fin en el J.F.K.

New York

Siguiendo con el estilo de la compañía, la terminal donde aterriza Delta es hipercutre. Lo primero que teníamos que hacer era pasar el control de inmigración. Antes de volar a EE.UU. es necesario rellenar una autorización por Internet. SI NO LA TIENES NO ENTRAS EN EL PAÍS (o te ponen muchos problemas). Aunque igualmente en el avión te hacen rellenar la tarjeta verde con las típicas preguntas:

A) ¿Padece usted una enfermedad contagiosa; un desorden físico o mental; o es un consumidor o adicto a una droga?
B) ¿Alguna vez ha sido arrestado o declarado culpable por un delito o crimen que involucre depravación moral o una violación respecto de una sustancia controlada; o ha sido arrestado o declarado culpable por dos o más delitos para los cuales la sentencia total a encarcelamiento fue de cinco años o más; o ha sido un traficante de sustancias controladas; o está tratando de entrar para participar en actividades criminales o inmorales?
C) ¿Alguna vez ha estado o está ahora involucrado en espionaje o sabotaje; o en actividades terroristas: o genocidio; o entre 1933 y 1945 estuvo involucrado, de alguna manera, en persecuciones asociadas con la Alemania Nazi o sus aliados?
D) ¿Pretende buscar trabajo en EE.UU.; o alguna vez ha sido excluido y deportado; o ha sido anteriormente retirado de Estados Unidos o ha procurado o intentado procurar una visa o ingreso a EE.UU. mediante fraude o falso testimonio?
E) ¿Alguna vez ha detenido, retenido o impedido la custodia de un niño a un ciudadano estadounidense que haya obtenido la custodia del niño?
F) ¿Alguna vez se le ha negado una visa a EE.UU. o el ingreso a EE.UU. o se le ha cancelado una visa a EE.UU.?

New York

Y un formulario del departamento de comercio en el que tienes que declarar los bienes que entres en el país. Con las dos tarjetas en mano y con una sonrisa de oreja a oreja, me dispongo a pasar inmigración. El oficial, que al parecer tenía ganas de conversación, me hizo un cuestionario exhaustivo:

— ¿Por que viene al país? Turismo
— ¿Era la primera vez? No, es la tercera.

— ¿Cuando fueron las otras ocasiones? Hace unos dos o tres años ¿en el 2007? Sí, en el 2007 entré vía Canadá.

— ¿En que otras ocasiones había estado en su anterior pasaporte? En el 2001, entré por Miami.
— ¿La dirección donde se hospeda es de un hotel? No, es de un amigo.

— ¿Y de qué le conoce? De mi empresa.
— Muy bien, ahora ponga todos los dedos de su mano derecha en el escáner y luego los de su mano izquierda. No se mueva, que le hago una foto. (¡Cheeeeseeee! Pongo mi cara mona (^-^))

New York

Me estampa el pasaporte y dice:

— Puede utilizar la misma autorización ESTA en los próximos dos años, no hace falta que la vuelva a solicitar. Y recuerde dar la tarjeta verde que le he grapado antes de salir del país.

Y por fin estoy en New York. Me encuentro con Gemma que ha pasado el control por otra ventanilla. Esta súper mosca, porque con la de páginas vacías que tenía su pasaporte, al oficial le ha dado por ponerle el sello al lado de la visa de Rusia y el sello tenía tanta tinta que al cerrarlo se le ha corrido toda la tinta y no se ve la fecha de entrada al país. Además no le ha grapado la tarjeta verde y encima le ha enguarrado todo el visado ruso.

Mientras voy soplando su pasaporte para ver si se seca la tinta, vamos a buscar las maletas. Una vez con las maletas, Gemma vuelve a inmigración para preguntar si le podían grapar el resguardo de la tarjeta verde y preguntarle a otro oficial si podía tener problemas al no ver bien la fecha del sello de entrada. Cuando vuelve me comenta:

—Le he preguntado a otro oficial y dice que lo ve perfectísimamente…

Salimos por fin y la terminal de llegadas es desoladoramente cutre. Una pequeña cafetería,y poco más. Buscamos una oficina donde cambiar moneda y después de darnos un cambio bastante malo vamos a preguntar cuanto cuesta un taxi a Long Island City. Se nos acerca un hombre que muy amablemente nos ofrece un servicio shuttle a nuestro hotel, pero nosotros le decimos que no vamos a un hotel. Al final encontramos una minúscula oficina de información que está cerrada porque es la hora de la comida, pero se nos acerca un hombre para atendernos. Nos dice que a Long Island City los taxis van con taxímetro, que a Manhattan es precio cerrado pero que al resto de NY no. Le preguntamos cuánto puede costar y no sabe qué decirnos. Al final alguien nos dice que unos 40 dólares.

New York

Para ir a casa de Orestes se puede ir primero en el Airtrain hasta Jamaica Station y luego el metro. Pero no teníamos ganas ni de perder tiempo, ni de ir cargando con las maletas, así que fuimos a buscar un taxi. La señora que atendía el garito de los taxis nos dio un papel con el que se puede reclamar si el servicio nos es bueno. Al subir al taxi en la mampara de seguridad, el taxista tiene un mensaje apocalíptico escrito en ella: «La verdad de la palabra de Dios: el 21 de mayo de 2011 se acaba el mundo. Qué maravilloso y terrible momento». Y yo me quedo fascinada con la exactitud de la fecha de la previsión.

Al ir por la autopista divisamos por primera vez el skyline de Manhattan, que es impresionante. Llegamos a Long Island City. La calle donde está la casa de Orestes es una calle histórica aunque las calles colindantes están llenas de talleres y almacenes. La casa es alucinante. La típica de tres plantas con la fachada recién restaurada. Nos recibe Christian, Orestes esta de viaje, y nos enseña nuestra habitación que está en la planta baja, con acceso directo a la calle. La habitación es alucinante, amplia, luminosa y con parquet. Al lado tenemos un baño muy bonito, ¡el habitáculo de la ducha es tan grande como todo mi baño! De hecho, toda la casa es alucinante, será porque Orestes es arquitecto de interiores.

New York

Sin más dilación nos ponemos toda la ropa térmica que tenemos y salimos a patear la ciudad. Ese día no habíamos planificado mucha cosa. Queríamos ir al mercadillo de Hell’s Kitchen que se hace los sábados y domingos de 10 a 18 horas (en la calle West 39 entre la 9ª y la 10ª avenida). Pero cuando finalmente llegamos, nos decepciona bastante. Apenas hay paradas y tampoco me extraña con el frío que hace (unos -5º) y aún menos compradores.

Nos vamos a dar una vuelta por la 10th Avenue, miramos algunas tiendas y entramos en un deli a comprar algo para beber y reponernos del frío. Allí decidimos coger el metro e ir a dar una vuelta por el Soho. Pero al poco de llegar nos coge un sopor insoportable. Son las siete de la tarde pero mi cuerpo dice que es la una de la madrugada, estamos agotadas y decidimos entrar al Dean & Deluca del Soho a comprar una ensalada y una crema de puerro para llevar a casa y cenar tranquilamente. El Dean & Deluca del Soho es como un deli/supermercado fashion donde tienen todo tan bien puesto que te lo comerías todo (verduras incluidas).

Dean and Delucca

Aunque la casa de Orestes esta en Long Island City, está muy bien comunicada: a cuatro paradas de Rockefeller Center con la línea V, a cuatro paradas de Times Square con la línea 7 y a unos 20 minutos del Soho con la línea E. Cenamos en la habitación lo que habíamos comprado y, sin poderlo remediar «traspasé» a las ocho de la tarde.

A tener en cuenta:
Lo mejor para cambiar moneda es hacerlo en España antes de ir a EE.UU. En el aeropuerto, al cambiar 400 euros nos dijeron que no nos cobraban comisión, pero nos hicieron un cambio de 0,7881, cuando en realidad estaba a 0,6899. Sin embargo, en Times Square nos encontramos que decían que el estado de Nueva York te cobraba un impuesto de 7,96% y nos daban un cambio de 0,7638 en la transacción con lo que acabé perdiendo 30 dólares. No sé si en el resto de oficinas era igual, pero por si acaso es mejor cambiar en España porque nunca me había encontrado antes con semejantes timos.

La mejor manera de moverse por Nueva York es el metro. Casi todas las líneas funcionan 24 horas y sobre todo Manhattan está muy bien comunicado por metro. Lo mejor es comprar Metrocard. La de una semana cuesta 27 dólares, la de dos semanas 51,50 dólares y la de 30 días 89 dólares.

New York

Es costumbre casi obligada dar propina en taxis, servicios y restaurantes. En taxis y restaurantes lo normal es dar un 15% de la tarifa como propina, aunque en la cuenta de algún restaurante nos encontramos que ponía que si el servicio había sido muy bueno recomendaban dar un 18% y si había sido excelente un 20%. Claro que si el servicio es pésimo (cosa que no suele pasar, ya que comparado con el servicio que hay en este país allí te tratan como a un maharaná) no se tiene por qué dar propina.

Los impuestos. ¡Ah sorpresa, sorpresa¡ La que nos llevamos al pagar varias veces, al ver que los precios marcados estaban sin impuestos y sorpresita que te llevabas al pagar. Las tasas varían según el servicio, así que a la hora de comprar no está de más preguntar si las tasas están incluidas o no.

Siento ser pesada, pero antes de volar a EE.UU. hay que rellenar la solicitud online ESTA.

Datos de interés:

Taxi de JFK a Long Island City: 36,5 dólares + propina.
Targeta Metrocard de una semana: 27 dólares.
Ensalada (enorme) del Dean & Deluca: 10 dólares.
Crema de puerros mediana y panecillo de cereales del Dean & Deluca: 7 dólares.

21 comentarios

  1. miriam 21 enero 2010
  2. Isabel 21 enero 2010
  3. miriam 21 enero 2010
  4. Isabel 21 enero 2010
  5. Lidia Sanchez 21 enero 2010
  6. Javier Adán 21 enero 2010
  7. Jaume Radigales 21 enero 2010
  8. Isabel 22 enero 2010
  9. Belle&Sebastian 22 enero 2010
  10. Belle&Sebastian 22 enero 2010
  11. Isabel 22 enero 2010
  12. Belle&Sebastian 22 enero 2010
  13. Belle&Sebastian 22 enero 2010
  14. Isabel 22 enero 2010
  15. Isabel 22 enero 2010
  16. Belle&Sebastian 22 enero 2010
  17. makavelik 22 enero 2010
  18. Isabel 22 enero 2010
  19. monica 8 febrero 2010
  20. Isabel 8 febrero 2010
  21. Madaboutravel 18 diciembre 2012

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