Sí, lo reconozco: uno de los motivos por los que acabamos contratando un paquete de tres días por el cañón del Colca con Killawasi Lodge fue porque incluía un paseo a caballo. Seguramente pensaréis que decantar la balanza solo por eso es una tontería, pero ya ves, a mí me hacía mucha ilusión montar a caballo. No solamente en el cañón del Colca, sino montar a caballo donde fuera, porque aunque os pueda sorprender, esa fue mi primera vez. Por supuesto que hubiera podido montar a caballo cerca de Barcelona, pero es una de esas cosas que siempre dices que lo harás un día y al final nunca lo acabas haciendo… pero todo llega en esta vida y esa mañana me estrené.
En cuanto a los caballos se refiere, admito que me preocupa el estado del animal, ya que en algunos viajes me he encontrado con equinos que estaban en un estado un poco deplorable, los pobres, pero ese no fue el caso. A la hora acordada había esperándonos dos caballos espléndidos en la puerta del hotel acompañados de Marie, una chica francesa afincada en Perú que era jinete experta.
Nos subimos a los caballos y empezamos pasear, primero por el pueblo y más tarde bajamos hasta el puente que cruza el río. Fuimos por prados y por algunos caminos tortuosos no aptos para pusilánimes, aunque estás a la merced del animal y en alguna ocasión ruegas porque el animal no tenga intenciones suicidas ese día. Es como cuando montamos en burro en Petra, que el animal iba caminando él solo por acantilados y pensaba: «por favor, por favor, no te despeñes ahora…». Pero la naturaleza es sabia y obviamente ambos paseos fueron la mar de agradables.

Los caballos que montábamos eran de paso peruanos que es una raza de Perú y dicen que son descendientes directos de los caballos que introdujeron los conquistadores en el país. Es una raza tan particular de Perú que estos caballos han sido declarados patrimonio cultural de la nación.

Hacia un día precioso y los rayos del sol hacían brillar la hierba de un color verde exuberante que hacía aún más contraste con el intenso azul del cielo. Muy bucólico todo. El paseo duró dos horas, y a pesar de mis reticencias, trotamos durante unos minutos. Fue un momento bastante emocionante y los dos acabamos enamorados del paisaje y de esos caballos. Marie nos explicó que además de tener una empresa de tours a caballo por el Colca, también tiene un pequeño restaurante en el pueblo, y nos animó a visitarlo esa noche para cenar. Montar a caballo es una pasada, pero cuando bajas, te acuerdas durante un rato del caballo y de la silla de montar.

Tras la comida, hicimos una ruta de senderismo por el valle con Freddy. Este paseo está incluido si te quedas a pasar una noche en hotel. El punto final del recorrido eran las ruinas de Uyu uyu. Justo cuando íbamos a empezar la marcha, el cielo se encapotó y Freddy nos pasó un par de chubasqueros. El camino no era especialmente difícil, y recorrimos algunos tramos que ya conocíamos de la excursión a caballo, pero llegó un punto donde empezamos a meternos por cosechas de quinua y maíz.
A la hora y media llegamos a las ruinas de Uyu-Uyu y las vimos en un periquete, porque el recinto es pequeño. Los arqueólogos que siguen trabajando allí han reconstruido el techo de una de las casas más grandes, pero aún no hay indicaciones ni carteles que informen sobre la historia de este yacimiento. También pudimos ver de cerca una llama recién esquilada, que parecía el corderito de Norit, ¡pero con el cuello largo! Era tan mona que no me pude resistir y a acariciarla. Me la hubiera llevado a casa, pero no estaba por la labor y cuando hacía intentos de abrazarla, muy sabiamente, salía corriendo.

Volvimos acelerando la marcha porque ya se veía que iba a caer un chaparrón, de lo negro que estaba el cielo. Por eso nos saltamos la visita a unos baños termales que hay junto al río y fuimos directos hacia el hotel. Por el camino nos atrapó la lluvia y llegamos a la habitación mojados.

Cuando el chaparrón amainó, salimos al pueblo a buscar el restaurante de Marie. La iluminación en Yanque es bastante escasa y fuimos esquivando como pudimos los enormes charcos que había dejado la lluvia. A pesar de que el pueblo es bastante pequeño, nos costó encontrar el restaurante que está a unos cincuenta metros de la plaza de Armas. El local era bastante austero y esa noche para cenar servían chicharrón de trucha, que es trucha rebozada. Allí estuvimos cenando tranquilamente mientras veíamos un culebrón en la tele con gente del pueblo. Toda una experiencia. Esos dos días fueron nuestros días de relax del viaje y se agradeció mucho renovar las fuerzas para la última etapa. Al día siguiente íbamos a ir a la cruz del Cóndor para luego pasar la noche en Arequipa.
Datos de interés:
1. Hotel Killawasi Lodge. Habitación doble con desayuno: 75$, también organizan paquetes de actividades por los alrededores. Tiene un restaurante que sirve comidas y cenas de buena calidad. Los entrantes cuestan 10 soles y los principales 20.
2. Paseo a caballo con Marie. Si visitáis Yanque y os apetece hacer un paseo a caballo por la zona, podéis contratar el paseo directamente en Colca Horse Perú.
3. Restaurante Boomerang. Trucha con patatas fritas: 15 soles.





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